sábado, 18 de diciembre de 2010

El Secreto

Los invito a deleitarse con el secreto mejor guardado de la poeta Denise Levertov.


El secreto
Dos niñas descubren
el secreto de la vida
en un repentino verso de
poesía.

Yo que no conozco el
secreto escribí
el verso. Ellas
me dijeron

(a través de un tercero)
que lo habían descubierto
pero no qué era
ni siquiera

qué verso era. Sin duda
ahora, más de una semana
después, han olvidado
el secreto,

el verso, el nombre del
poema. Las amo
por encontrar lo que no
puedo encontrar,

y por amarme
por el verso que escribí,
y por olvidarlo
y así
mil veces, hasta que la muerte
las encuentre, puedan
descubrirlo otra vez, en otros
versos

en otros
hechos. Y por
querer conocerlo,
por

asumir que hay
tal secreto, sí,
por eso
sobre todo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Pesimista y otros poemas

Pesimista

La del jardín es una tarea
que siempre está empezando.

Durante meses vimos agonizar, morir
y renacer al jazmín. Pusimos:
veneno diluído en agua, pastillas, harina de hueso;
rastreamos el camino de hormigas con la obsesión del padre de Mafalda,
soplamos uno a uno los mantis camuflados
idénticos a la hoja
que dan más bronca por lo ingeniosos
y sutiles.

Todas esas fases de limpieza
y renovación
de un jazmín que tiene como 60 años
resultaron
en que hace tres días empezaron a abrir
y son de una blancura explosiva
sin atenuantes


los miramos como si nunca antes

Hasta hace poco parecía que en eso se nos iba la vida
y ahora que acontece
-simple como lo que es natural y está pautado-
nos quedamos a la espera
de empezar algo

atónitos
¿qué hacer con la belleza?
¿esto cambia algo?
¿qué era lo que había que cambiar?

Dará decenas y decenas
de jazmines lujuriosos
durante diciembre
al cual más perfumado y después,
abombados,
acatarán su enero,

y otra vez vendrá el veneno
la absurda vigilancia
el tallo ennegrecido
la cochinilla
que encadenan una temporada con la otra.



Inclusión


Abrimos la bolsa, el paquete la caja
desatamos la cinta color uva
otro papel que repetía el motivo
una y otra vez

Con mi tía los probamos: ella
uno cubista de caras lisas regulares
yo uno más kitsch en forma de corazón
“tienen un sabor garca, demasiada calidad” ibas a decir vos
una horas más tarde cuando llegó tu turno
de elegir uno entre los otros

La idea de exclusividad
condensada en una perfecta caja de bombones: no hay uno
igual al otro
pero entre sí se pertenecen

Y las cremitas que tienen dentro
imprecisas de tan delicadas
pican un microsegundo en el paladar

El que tiene forma de camafeo
seguro quedará solo al final del show
rodeado de tristes pirotines vacíos
como tutús sin bailarina

Curso de arte

El profesor nos advirtió una y mil veces
que el arte es mentiroso desde siempre
Y nosotros tan cultos y abiertos pusimos cara de “ya sé”
con una sonrisa complaciente

Es sorprendente ver cómo,
sin embargo,
buscamos  adivinar de dónde es
desde qué ángulo urbano o suburbano
se tomó la imagen,
cuán fidedigno es el color del río
y hasta del pastito
de la vera,
si en esa época los techos trepaban hasta allí
o la contaminación había ya subido el tono
del agua
pasando de castaño oscuro

Las fotos y cuadros
están obligados a esconder la sorpresa
de que una ventanita que se intuye
fuera de foco en un costado
se abra y aparezca,
ante nuestro gesto sabio,
la cara de una tía abuela por ejemplo
que nos permita el orgullo de exclamar
ante un auditorio de envidiosos
“esa
es la cara inconfundible de mi tía”
y a partir de ahí hablar del barco en que vinieron y esas minucias de detalle
de una inmigración que en cada caso
es tan igual y tan distinta

La historia del arte y su gran manto móvil
de pliegues y arrugas
detiene su cauce en la historia doméstica y nada escuchamos ya
de lo que el profesor dice sobre el artificio
la representación
hasta el hartazgo

Triunfales con la ventanita entreabierta
nos vamos a dormir sintiéndonos parte
no sabemos bien de qué
como en un barco que nos mece a todos al unísono
y tiene la incertidumbre como único destino.